“El modo de ser un nuevo intelectual no puede consistir mas en la elocuencia, el cual es un signo exterior y momentáneo de sentimientos y pasiones; por el contrario es necesario una activa participación en la vida practica, como constructor, organizador, y un orador persuasivo” (Gramsci).

domingo, 10 de junio de 2012

Yo no soy “heterodoxo”


Por: Rolando Astarita

Hace unos días vino al país [Argentina] una serie de importantes profesores en Economía, pertenecientes a universidades extranjeras, que fueron presentados como “heterodoxos”. Precisemos que la “heterodoxia” se define por oposición a la “ortodoxia” de la economía neoclásica, en especial la walrasiana (modelos del equilibrio general y competencia perfecta). A grandes rasgos, podemos decir que los “heterodoxos” van desde los marxistas -en todas sus variantes- hasta keynesianos más o menos “progres” (Stiglitz, ¿es heterodoxo?), pasando por los sraffianos, los regulacionistas, los muchos matices de poskeynesianos, los estructuralistas, dependentistas, institucionalistas de izquierda (en la tradición de la New School de Nueva York), los neoschumpeterianos, y variadas combinaciones entre estas corrientes (y seguramente me estoy dejando a varios en el camino). Todos aparecemos, ante los estudiantes y la comunidad, compartiendo el mismo objetivo central, enfrentar al “neoliberalismo”, expresión política de la “ortodoxia”. Así establecida la divisoria, pareciera que entre los “heterodoxos” las diferencias son secundarias en relación a la “cuestión fundamental”, derrotar a la “ortodoxia”.

Este fue entonces el telón de fondo de los seminarios y conferencias que dictaron las eminencias “heterodoxas”. Entre ellas hubo marxistas (al menos, en el pasado lo eran), siendo Anwar Shaikh el más conocido y referenciado. Los seminarios tuvieron el apoyo del Gobierno; los profesores asistieron a reuniones en las que se afirmó, entre otras cosas, que las políticas que ellos pregonan son las que están aplicando muchos gobiernos latinoamericanos, incluido el argentino; todos aplaudieron, entusiasmados; y a su vez, recibieron el cálido aplauso de altos funcionarios del Gobierno; varios (entre ellas, Shaikh) elogiaron las políticas K [El autor se refiere a las politicas de los Kirchner en Argentina] en los reportajes que les hicieron los medios K; y presentaron “papers” para defender tesis “heterodoxas” del tipo “la emisión monetaria nunca genera inflación” que -¡oh casualidad!-, encaja con las últimas declaraciones de Marcó del Pont, la cabeza del Banco Central.

Pues bien, si esto es “heterodoxia”, aclaro que yo no soy “heterodoxo”. Soy marxista, y punto. Esto es, me ubico en un enfoque que, por su propia naturaleza, es crítico del sistema de explotación capitalista, de conjunto, y no simplemente de alguna de sus variantes. Dentro del marxismo es posible, por supuesto, encontrar muchas posiciones, y a veces muy enfrentadas. En este mismo blog [http://rolandoastarita.wordpress.com/] puede verse, por caso, las grandes diferencias que tengo con los trotskistas, y con otras corrientes. Sin embargo, hay algo que distingue al marxismo: su postura crítica ante el capital, su Estado y los gobiernos que están al frente de esos Estados. Es que por su propia naturaleza, el marxismo constituye una crítica radical, subversiva, a un modo de producción que se basa en la explotación del trabajo humano. Éste fue, y sigue siendo, su sentido. Pero es imposible mantener este carácter crítico, cuestionador, subversivo, si se está “del otro lado del mostrador”, como lo están hoy muchos izquierdistas. Y el asunto no cambia por el hecho de que algunos reivindiquen alguna mayor intervención del Estado en la economía, o favorezcan a algún grupo empresarial argentino “frente al imperialismo extranjero”. Se trata de diferencias “tácticas”, secundarias, al interior del mismo régimen de explotación.

En síntesis, el contenido fundamental de la intervención de estas “eminencias marxistas” (el de los keynesianos de izquierda era previsible y lógico) en Buenos Aires ha sido avalar a aquellos que hoy están en altas funciones en el Estado, y desean, sin embargo conservar algún pergamino “de izquierda”, al menos. Con lo cual enviaron, además, un mensaje político central: “Hasta los más prestigiosos economistas heterodoxos, incluidos los marxistas más importantes, apoyan la gestión K”. En este respecto, considero que la intervención de estos prestigiosos académicos, ha sido un fuerte golpe para los marxistas de Argentina; esto es, para aquellos que mantenemos la crítica al capitalismo. La discusión con la “ortodoxia” neoclásica, en este contexto, no tiene relevancia alguna. Son fuegos de artificio para tapar lo esencial. El balance es que esta intervención favoreció globalmente al kirchnerismo, y los marxistas quedamos más aislados.

En este marco, además, quiero precisar mi posición frente a Shaikh. Lo hago porque en varias notas he reconocido mi deuda intelectual con este economista. En particular, Shaikh me ha ayudado a superar la tesis “preeminencia del monopolio”, y esto ha sido importante para muchos de mis trabajos posteriores. Sin embargo, desde hace años he planteado también muchas críticas y discrepancias con sus posiciones: he criticado su tesis de que los países atrasados están condenados a padecer déficits comerciales crónicos; también su modelo de tipo de cambio, que considero inaplicable a los países atrasados; he criticado su explicación del intercambio desigual en comercio intra-industria; también su visión sobre la evolución de largo plazo de la tasa de ganancia; su tesis sobre las ondas largas Kondratiev; y su respuesta al teorema Okishio, referido a la ley tendencial de la tasa de ganancia. Algunas de estas cuestiones se pueden encontrar en este blog, otras en mis libros. De todas formas, hasta ahora, se trataba de diferencias más bien teóricas. A partir del apoyo que vino a dar Shaikh al gobierno K, mis diferencias son políticas, y profundas. En una palabra, Shaikh está claramente “en la heterodoxia”, tan cara a los círculos progres-izquierdistas de la economía argentina. Yo no me considero parte de esa corriente. Simplemente, sigo siendo marxista, en cualquiera de los sentidos “amplios” (pero no colaboracionista del capital y su Estado), en que se quiera pensar esto.